México pierde su autosuficiencia en vacunas: desarticulan el Instituto Nacional de Virología

Durante más de un siglo, México fue un referente en la producción de vacunas y sueros gracias al trabajo del Instituto Nacional de Higiene y, posteriormente, del Instituto Nacional de Virología. Estas instituciones, dirigidas por científicos altamente calificados —muchos egresados de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN—, no solo abastecían completamente las necesidades nacionales de inmunización, sino que también exportaban biológicos a otros países de América Latina.

Entre las vacunas producidas en estos institutos se encontraban la BCG, Difteria, Tosferina, Tétanos, Sarampión, Poliomielitis y Rabia, además de sueros antialacrán y antiviperinos elaborados con anticuerpos equinos. Fue gracias a estas vacunas que enfermedades como la viruela y la poliomielitis pudieron ser erradicadas en el país.

Con el paso del tiempo, ambas instituciones fueron integradas en BIRMEX (Biológicos y Reactivos de México), que mantuvo su carácter científico y fue reconocido incluso por la Organización Mundial de la Salud como Centro de Referencia Internacional para el Control de Vacunas.

Sin embargo, el rumbo cambió drásticamente. En meses recientes, el gobierno federal nombró como director de BIRMEX a Pedro Zenteno, diputado con licencia del partido Morena y médico homeópata de profesión. Bajo su dirección, BIRMEX dejó de ser una entidad productora de vacunas para convertirse en una distribuidora de medicamentos.

Los laboratorios del Instituto Nacional de Higiene y del Instituto Nacional de Virología, donde antes se fabricaban y controlaban vacunas, hoy han sido transformados en simples bodegas. Actualmente, la única producción biológica activa es la de sueros inmunes de caballo en el Instituto Nacional de Higiene. No se produce ninguna vacuna en México.

La noticia más reciente ha generado aún más incertidumbre: la noche de ayer fue designado como nuevo director de BIRMEX el General de División Jens Pedro Lohmann, marcando un nuevo giro militar en el liderazgo de lo que alguna vez fue un bastión de la ciencia biomédica mexicana.

Esto plantea una seria preocupación: ¿Qué será de México sin la capacidad de producir vacunas esenciales como las de sarampión, rabia o poliomielitis? ¿Cuántos años tomará reconstruir el conocimiento, la experiencia y la infraestructura necesarios para recuperar la autosuficiencia?

La desarticulación del Instituto Nacional de Virología y la transformación de BIRMEX son más que decisiones administrativas: representan un retroceso en la soberanía sanitaria del país.

¿Podrá México volver a levantar sus propios laboratorios de producción de vacunas? ¿Estará preparado para futuras pandemias sin depender del extranjero? La historia, por ahora, queda en pausa.




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