Maíz, la frontera del hambre: crece dependencia y alertan por riesgo alimentario en México

Ciudad de México, 4 de mayo de 2026.— A más de medio siglo de las advertencias sobre la insuficiencia en la producción de maíz en México, el país enfrenta hoy un escenario de creciente dependencia del extranjero en su alimento básico, con cifras récord en importaciones y una disminución sostenida del apoyo al campo.

El investigador Arturo Warman ya señalaba desde la década de 1970 que las crisis en la producción de maíz eran cíclicas y, en muchos casos, provocadas por fenómenos naturales. Sin embargo, advertía que el aumento en las importaciones debía ser una señal de alerta para garantizar la autosuficiencia alimentaria.

En respuesta, durante el sexenio de José López Portillo se implementó el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), orientado a fortalecer la producción nacional mediante subsidios, créditos e infraestructura agrícola. No obstante, con el paso de los años, estas políticas fueron desmanteladas, dando paso a una creciente dependencia, principalmente de Estados Unidos.

Actualmente, el maíz se ha convertido en el principal producto que ese país exporta a México, con un incremento del 132 por ciento en la última década. Tan solo el año pasado, las importaciones superaron los 26 millones de toneladas, con un costo de 5 mil 920 millones de dólares. En lo que va de 2026, ya se han adquirido más de 5 millones de toneladas, en su mayoría maíz amarillo y transgénico.

Además, México se posiciona como el principal cliente agropecuario de Estados Unidos. El gasto en este rubro ha pasado de casi 18 mil millones de dólares hace diez años a una proyección superior a los 31 mil millones en 2026, lo que representa un aumento del 71 por ciento.

Especialistas coinciden en que este panorama responde a la falta de respaldo institucional al sector agropecuario. La reducción de créditos, subsidios y mecanismos de protección ha dejado en desventaja a los productores, debilitando la capacidad nacional de producción.

El maíz sigue siendo el eje de la alimentación en México. Se estima que tres cuartas partes de la población rural y la mitad de la urbana obtienen de este grano la mayor parte de sus calorías. Los historiadores Arturo Warman y Enrique Florescano han señalado que su disponibilidad marca la línea entre la subsistencia y el hambre en el país.

“Sin maíz no hay país”, advierten especialistas, al subrayar que la dependencia externa en alimentos básicos podría derivar en una crisis alimentaria. Paradójicamente, México cuenta con la tierra y la mano de obra necesarias para alcanzar la autosuficiencia e incluso exportar.

En este contexto, productores agrícolas han comenzado a manifestarse en distintas regiones del país, especialmente quienes cultivan maíz y frijol, denunciando la falta de apoyos para la producción y comercialización.

Ante el reciente cambio en la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, el sector mantiene expectativas de que se implementen políticas que reviertan la crisis y fortalezcan al campo mexicano, en un momento que consideran crítico para la seguridad alimentaria nacional.




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